Se escucha, no se lee
Lumi explica cada mundo con una demostración animada y su propia voz, en español y en inglés. El texto está debajo por si alguien ya lee, pero es el pie, no la clase.
Pensamiento computacional · 5 a 10 años
Capi es una capibara que hace exactamente lo que se le dice, ni más ni menos. Tu hijo le escribe el camino con bloques de colores y descubre, sin que nadie se lo explique, qué es una secuencia, un bucle y una función.
Sin anuncios · Sin cuenta para jugar · Funciona sin conexión
La progresión no es una promesa de marketing: cada mundo introduce un concepto y ninguno llega antes que aquel sobre el que se apoya. Están todos aquí, en orden.
Empieza sin giros ni lectura, con cuatro flechas que dicen a dónde ir, y termina en funciones con parámetro, condiciones dobles y dos programas corriendo a la vez. Son 144 niveles: a un nodo por sesión, un curso escolar largo. Cada nivel declara qué bloques ofrece, así que se sabe de antemano qué se practica en cada uno.
Lumi explica cada mundo con una demostración animada y su propia voz, en español y en inglés. El texto está debajo por si alguien ya lee, pero es el pie, no la clase.
No se teclea, pero tampoco se juega a otra cosa: secuencias, bucles, condicionales, funciones y parámetros son exactamente lo que son en cualquier lenguaje.
No hay vidas, ni cronómetro, ni nada que se pierda por tardar. Se mira qué hizo Capi, se cambia un bloque y se vuelve a probar. Eso es depurar.
Está pensado para una tablet en horizontal y para una sesión corta, la que de verdad aguanta un niño de cinco años.
Capi hace lo que dice el programa y nada más, y el mismo programa da siempre el mismo resultado. Si algo sale mal, la culpa es del programa y se puede encontrar.
No se conduce a Capi con el dedo: se escribe el camino entero y luego se ejecuta. Esa diferencia es la que separa jugar de programar.
Muchos niveles traen un presupuesto de bloques que no cabe escribiendo los pasos a mano. Es lo que empuja a usar un bucle en vez de repetir.
Funciona con la wifi que haya y con las tablets que ya estén repartidas.
Se abre y se juega. No hay registro, ni códigos de clase, ni nada que configurar antes de empezar la sesión.
La lista entera de niveles es pública, con el objetivo de cada mundo, dónde se atasca casi todo el mundo y qué preguntar en vez de resolverlo.
Español e inglés con un toque, y no sólo la interfaz: los enunciados, las explicaciones de Lumi y su voz. Sirve igual en clase de inglés que en informática.
La guía se imprime y vale como guion de aula o para mandar a casa. Nada de esto está detrás de un formulario.
La Zona de familias enseña lo que la partida puede demostrar, y nada más. Si un número no se deduce de lo que el niño ha jugado, no está en la pantalla.
Las barras van por tipo de nivel —recorrido, depuración, diagrama, condicionales, funciones—, que es lo que el juego mide de verdad, y no por categorías inventadas.
Minutos por día de las dos últimas semanas y la racha. La racha se rompe al saltarse un día, no a medianoche: nadie amanece habiéndola perdido.
Una cuenta lleva varios perfiles, cada uno con su partida. Se cambia de niño sin cerrar sesión.
Cada línea de aquí abajo se puede señalar en la política de privacidad. Si algo no está escrito allí, no se promete aquí.
Dos niños de cinco y ocho años jugaron una tarde sin que nadie les ayudara. A la mayor no le costó nada. Al pequeño no le costó ningún nivel: le costó girar, porque «a la izquierda» es la izquierda de Capi y no la de la pantalla. De ahí salió el Mundo 0, que quita el giro de en medio y lo enseña después con una sola variable cada vez. Es una tarde y dos niños, y se cuenta como lo que es.
Los dos primeros mundos son gratis y están completos: 22 niveles con su final. El editor de niveles también es libre.
El resto se abre con una suscripción de [PRECIO] al [PERIODO], para toda la familia y todos los dispositivos. Se cancela desde la Zona de familias cuando se quiera.
Precio pendiente de fijar antes del lanzamiento.
Desde los cinco. El primer mundo existe precisamente para esa edad: no hay que leer ni saber girar, sólo decir a dónde quieres que vaya Capi.
No. Lumi explica cada mundo en voz alta y las demostraciones son animadas. El texto acompaña, no manda.
Ninguno todavía, y es a propósito. Enseña las ideas —secuencia, bucle, condicional, función, parámetro— con bloques. Son las mismas ideas que luego se escriben en Python o en cualquier otro, y a los cinco años teclear no es el obstáculo que conviene poner primero.
No para jugar. La cuenta sólo enciende la sincronización entre dispositivos, la liga y la suscripción, y vive en la Zona de familias, donde está el adulto.
Sí. El juego entero, las voces y las fuentes se sirven desde el propio juego. Sin red no se sincroniza, y ya.
Alrededor de tres minutos: un nodo. No hay cronómetro ni nada que se pierda por tardar más.
En el navegador, y está pensado para una tablet en horizontal. También va en ordenador.
El progreso: qué nodos ha completado, sus monedas, su sombrero y los minutos que juega cada día. Sin cuenta, eso no sale del dispositivo. Está enumerado columna por columna en la política de privacidad.
Los dos primeros mundos enteros, 22 niveles con su final, y el editor de niveles. No es una demostración cortada por la mitad.
Sí, y sin preparar nada: no hay registro ni códigos de clase. La lista completa de niveles, con el objetivo de cada mundo y dónde se atasca casi todo el mundo, es pública e imprimible.
Cuando se quiera, desde la Zona de familias. Y borrar la cuenta borra de verdad los datos, incluidos los perfiles que ya se habían quitado.
Se abre en el navegador y se empieza a jugar.